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bien, pero, claro, cuando encuentras algo que es lo que

realmente te gusta descubres todo un universo…

v

: ¿Cómo descubrió el teatro?

- M.P.:

Fue por casualidad. No hice ningún esfuerzo… Yo

conocía una persona que formaba parte de una compañía

de teatro amateur, que comenzaba, y los iba a ver. Cuando

pasaron a ser profesionales, como yo estaba por allí, me pre-

guntaron si quería participar. Entonces no tenía trabajo, así

que acepté pensándome que estaría tres meses, y estuve en

esa compañía nueve años…Era La Cubana.

v

: Y tras La Cubana…

- M.P.:

Cuando dejé La Cubana me pensaba que tras esa

etapa nunca más trabajaría en teatro, porque el público de

La Cubana no conoce a los actores, conoce los persona-

jes… ¡Todavía ahora la gente me conoce por

la Teresina

*!

Y mira… mi sorpresa fue que al día siguiente me vinie-

ron a buscar los de la compañía Dagoll Dagom, con la que

estuve cinco años. Estuve veinte años fuera del grupo La

Cubana y durante ese tiempo también trabajé con Paco

Mir, Calixto Bieito… Con los mejores directores. Trabajé

en el Teatre Nacional de Catalunya, en el Teatre LLiure,

para Focus, con Joan Pera… ¡Y he vuelto a trabajar con La

Cubana! Eso es un privilegio.

v

: También produce obras

- M.P.:

Cuando no me dan trabajo, se me llena la cabeza de

ideas y las monto. Me he producido ya cuatro obras. Recien-

temente he estado en El Molino con un monólogo, “Sembla

que rigui” (“Parece que ría”), que hace dos años ya estrené.

Es una obra que haré mientras pueda, mientras tenga cabeza

para hacerla. La hago con un compañero, Óscar Constantí.

Tiene poca complicación técnica y lo puedo llevar a cualquier

lugar. El Molino está cambiando, está haciendo festivales de

jazz, pases de ópera, amenco, y el monólogo también le que-

da bien. Es una obra generadora de sentimientos.

v

: De La Mont que comenzó a hacer teatro a los 30

años a La Mont de ahora, ¿qué echa de menos?

- M.P.:

Me gustaría tener el cuerpo con la energía de antes…

Que envejezca el cuerpo es algo que me da mucha rabia, por-

que la cabeza no envejece. Por lo demás, no echo nada de

menos. Estoy aquí porque estaba allí. Todo lo que pasa, inclu-

so las cosas malas, son un paso hacia el lugar al que vas. Y a

partir de toda mi vida, de todo lo que soy y de mis problemas,

estoy. Todo ello me ha traído hasta aquí.

v

: Tiene una voz prodigiosa. Escucharla cantar es un

placer… No me esperaba encontrar una Mont lírica…

- M.P.:

Me encantaría hacer más de lo que sé hacer…Me gus-

taría saber cantar jazz, por ejemplo, con esas improvisaciones

que hacen, y no sé… ¡Me da una rabia! Tengo estudios de

cante clásico, pero no hay que ser pretencioso…

v

: De todo lo que ha hecho, ¿Con qué ha disfru-

tado más?

>>

Mont Plans tiene memoria. Mucha. Y cuando se sube a es-

cena recuerda a aquellas mujeres que ha conocido y con

las que ha trabajado y que ya no están aquí. Le pregunto

por Carmen Montornés, La Montor, a la que le ha dedicado

un espacio en su página web, www.montplans.cat : “Fue

mi mejor amiga en La Cubana. Yo entré en la compañía,

que se generó en Sitges (Barcelona) cuando ya estaba for-

mada y era la que venía de ciudad, podía haber estado

sola, pero ella fue mi compañera. Compartimos habita-

ción, camerino y gustos… Estábamos muy unidas. Tras La

Cubana trabajamos juntas y luego enfermó… La echo mu-

cho de menos. Siempre pienso que ella y yo hubiéramos

creado una compañía y hubiéramos hecho cosas muy di-

vertidas y bonitas, potentes, porque ella era una actriz muy,

muy potente. Le dediqué “Chaise Longue”, una obra que

produje, y la primera de las funciones que he hecho en El

Molino con “Sembla que rigui” (“Parece que ría”) también

se la he dedicado a ella. He dedicado cada una de las fun-

ciones a una actriz que ya se ha ido, pero la primera fue

para ella. He recordado a Montse Pérez, que murió hace

muy poco; Laura Teruel, que fue mi pianista en “Chaise

Longue”; Mercè Anglès; Mercè Lleixà; Àngels Poch, Anna

Lizarán, Rosa Novell… Actrices que se han ido en edades

de estar activas. Me gusta dedicarles las funciones. No ha-

cemos misas, hacemos funciones…”

“No hacemos misas,

hacemos funciones”

- M.P.:

No sé nunca qué responder a esta pregunta, porque

he disfrutado tanto con todo lo que he hecho…

v

: ¿Tiene la sensación de que ha ido donde la vida le

ha llevado?

- M.P.:

Sí. Yo no he tenido que trabajar mucho, en el sen-

tido de luchar, para hacer lo que estoy haciendo. No he es-

tado en salas de espera para hacer castings, no he sido re-

chazada… Pero sí es cierto que cuando ha pasado alguna

cosa, la he pillado al vuelo. Mi primera vez fue: “¿Quieres

hacer esto?”, y yo, que no tenía nada que ver con el teatro,

podía haber dicho: “¡Hay no… qué vergüenza…!”, pero

no, dije: “¡Vale!”. Cuando me han ofrecido algo he sabido

ver si valía la pena o no… Aunque también con eso que

no sé decir “no” y alguna vez he hecho alguna cosa a la que

debería haber dicho “no”, pero bueno… Soy feliz… Por lo

que hago y por cómo lo recibe la gente, porque nuestro

trabajo traspasa y yo he tenido suerte, he traspasado.

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