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Mercè Quesada Amador

Directora

Q

uiera ser que la vida te conduce

y te enseña. Mucho. Cada día

me sorprendo por cuánto puedo

aprender y por cuánto me queda

por saber. Tal y como dice Mont

Plans, fantástica actriz entrevis-

tada para esta edición, “la vida te

lleva” y te muestra caminos, por

eso hay que cogerla de la mano y dejarse ir. Y en ese

ir van pasando cosas y van quedando posos, porque

nada llega porque sí, por capricho. No estoy hablando

de que lo te pase es porque te lo mereces, no, para

nada. Digo que lo que atrapas, lo que aprendes de

esos posos, te lleva a otro punto del camino. Y a tra-

vés de esos pequeños ejes va el mundo moviéndose.

Porque lo que tú sabes hoy me servirá a mí, seguro,

mañana. Y lo que yo puedo enseñarte, si es que pue-

do enseñar algo, es porque tú lo has querido acoger.

El aprendizaje es como una cadena de favores que

ofrece luz a quienes por ella transitan. A mí esta edi-

ción me parece un tesoro. Por muchas cosas, pero

sobre todo por lo mucho que he aprendido para mi

propio bagaje. He tenido la oportunidad de entrevistar

a mujeres extraordinarias que me han hablado, por

ejemplo, de cómo la mente puede entrenarse como

si fuera un músculo para que esos castillos que se

suelen construir en los aires no acaben traspasando el

alma para entristecer o para crear ansiedad; o sobre

cómo hay que ser proactivos, cada uno a su manera

y posibilidades, para luchar contra injusticias y salva-

jadas que el ser humano hace a otros seres huma-

nos, especialmente a mujeres y niñas. Voy yo con la

conciencia removida porque sé que esa chica que se

sienta en una sillita en esa rotonda es una persona

esclavizada, víctima de trata y de un círculo de de-

pravación y vejación. No es la primera vez que desde

esta publicación damos voz a la lucha contra la trata,

pero la desazón que queda al saber que no hay volun-

tad para acabar con ella, debe convertirse, como muy

bien me dijo Mabel Lozano, en coraje para activarse

y ser beligerante contra el horror. Qué aprenderán las

víctimas de la trata… Qué poso les quedará… Rabia,

miedo, dolor, tristeza… Esas cadenas de aprendiza-

je también se traspasan, también quedan prendidas

de las solapas, pero no lo hacen en las de los que

amasan dinero. Quedan enganchadas sobre la piel de

quienes más necesitan, de quienes se ahogan en ese

mar Mediterráneo al que iremos a bañarnos, ociosos,

los que estamos en la otra orilla. ¿Y qué cuerpo se te

queda al saber que si no haces nada al respecto eres

cómplice de la situación? A ver quién se mira al espejo

ahora… Y vuelvo al mensaje de Lozano: “Educación”.

A los padres y madres nos toca hablar con nuestros hi-

jos para acompañarlos en el camino del discernimien-

to. Y mostrarles, aunque pueda parecer muy crudo,

que en nuestro primer mundo coexiste un inframundo

de esclavitud creado por depredadores y respaldado

por quienes acuden a ese mercado a comprar o a be-

neficiarse de una manera u otra. Basta ya… ¡Basta ya!

Hala, si te he dejado con mal sabor de boca, es buena

señal. Pasa la cadena, por favor, para que otras per-

sonas puedan romper las que les mantienen esclavi-

zadas. Gracias.

De cadenas

de aprendizaje

y de esclavitud

6

editorial