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era pequeña, no tenía nada. Yo era feliz cuando podía

estrenar algo. La madre de Fernando Esteso me compraba

unas alpargatas para diario y unos “zapaticos” para los do-

mingos, porque nos hacía ir a misa. Y siempre recordaré a

esa familia con mucho cariño, toda mi vida. Una vez, en el

programa de Nieves Herrero, la sorpresa más grande que me

dio fue el traerme a la madre de Fernando Esteso. Fue para

mí maravilloso.

v

: También ha dicho en varias ocasiones que se ha ga-

nado el sueldo sin tener que meterse en ninguna cama.

¿Son demasiadas las veces que eso pasa?

- L.C.:

No todo el mundo…Yo no lo he visto. Decir otra cosa

sería mentir, pero me hablaban de que antes los hombres,

sobre todo a las vedettes les regalaban muchas cosas: joyas,

abrigos de pieles, a cambio de algo, claro. Amí nome ha ocu-

rrido nunca eso. Quizás porque no he dado pie. Yo siempre

he ido con mi marido. He sido la mujer más feliz del mundo

con él y para mí sobraban los demás.

v

: Al finalizar su espectáculo le ha dedicado unas pala-

bras muy emocionantes…

- L.C.:

Yo estoy aquí por él…No quería hacer nada al acabar

mi carrera, pero mi representante me dijo: “No puedes hacer

eso… El público te quiere mucho y tienes que despedirte de

tu tierra, por lo menos, y también tienes que hacerlo por tu

marido” y aquí estoy...

v

: ¿Y ahora, a qué se va a dedicar?

- L.C.:

Pues eso es… que no sé qué hacer… Sé que me con-

viene viajar un poco… Hace un año y pico que se murió mi

marido y todavía estoy muy tocada. Por un lado tengo ganas

de que pase el tiempo, porque él siempre va a estar conmigo,

está claro, pero a ver cuándo dejo de tener esa cosita que to-

davía tengo dentro…Amí el médico me dijo que me tomara

unas pastillitas, que me iban a ir bien… Pero no, yo soy muy

tozuda, soy de Zaragoza, siempre he sido una tía muy valien-

te y voy a salir por mí misma…Pero estoy pasando…Tela…

v

: Tiene mucho desparpajo, pero creo que es mucho

más tímida y vergonzosa de lo que aparenta.

- L.C.:

Soy timidísima… La que ves ahora no tiene nada que

ver con la que sale al escenario… Me gustaría ser un poco

como ella… Me encantaría… En casa prácticamente no ha-

blo nada…No tengo nada que ver con la que sale al escenario.

v

: Ha sido una transgresora: gitana y, en cambio, es-

trella del Music Hall, fumaba, se pintaba, enseñaba pier-

nas… Ahora, ¿qué significa ser transgresor cuando pa-

rece que todo está ya visto?

- L.C.:

Hoy en día ya no se le da importancia a nada…Lo he-

mos visto todo. Demasiado. Los padres, como sea, queremos

dar todo a los hijos, y yo creo que eso es un pequeño error,

porque no le das importancia a las cosas…Al tenerlo todo…

Yo recuerdo que nunca tuve Reyes, y que Julia, la madre de

Fernando Esteso, me hacía muñecas de trapo y yo era la niña

más feliz del mundo. En mi época, además, las familias gita-

nas eran muy machistas y si mi madre sacaba cuatro pesetas,

era para los chicos. Las chicas nada… Eso era terrible. Los

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hombres gitanos podían ir al colegio, las mujeres no. Hoy en

día, como los niños tienen tanto, no tienen la imaginación

que tenían entonces, que con un cartón se hacían un coche

para jugar y le pintaban las ruedas. ¡Oye, pero hay que vivir

ahora, que yo no quiero volver a esos años! Pero es cierto lo

que digo. No es demagogia, pero hay que pensar en todos los

niños que no tienen ni un juguete. Cuando colaboraba con

Jordi González en la radio, mi marido me pedía que no lleva-

ra ninguna joya, que las dejara en casa, porque al nal las su-

bastaba entre los oyentes porque me acordaba de cuando era

pequeña y no tenía nada, y eso de que haya niños despojados

de todo, incluso de comida, me revuelve. Parece que estemos

en los años de la postguerra… Familias completamente em-

pobrecidas…Es horroroso…

v

: Cierre los ojos y pida un deseo…

- L.C.:

Que se arregle todo el mal rollo político con respecto

a Cataluña. Yo me he pisoteado todos los pueblos habidos y

por haber, todas las estas mayores, y en todos los rincones

de Cataluña me han recibido con los brazos abiertos, radi-

cales y no radicales y en Barcelona convivimos de todas las

razas… Que se sienten, que dialoguen, que hablando dicen

que se entiende la gente, ¿no?

v

En el mundo del Music Hall el vestuario cobra una importan-

cia poderosísima. Las bailarinas lucen espectaculares cor-

sés y conjuntos corseteros, tanto que algunas piezas bien

podrían exhibirse en un museo. Cuando le pregunto a “La

Maña” qué importancia tiene para ella la moda íntima, se le

iluminan esos ojos negros y los pone como platos: Yo siem-

pre he salido con un escenario maravilloso y ¡la corsetería,

por favor! ¡Si eso es lo más bonito de la moda! Yo siempre

voy monísima por dentro, ¡mira! (y me muestra su ropa in-

terior, de un encaje ultravioleta precioso). Te pasa cualquier

cosa, tienes un ligue… Siempre hay que ir bien vestida y a

mí me apasiona la corsetería. Yo creo que una mujer tiene

que cuidar mucho la ropa que se pone debajo, igual que la

de fuera, porque te hace ser más femenina, te hace gustarte

y quererte más. La moda sirve para que nos gustemos a

nosotras mismas.

Monísima por dentro

xdentro

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